Perspectiva Sur

Perspectiva Sur

El eurocentrismo en las ciencias sociales y el hecho que las Relaciones Internacionales surgieran como una Ciencia social (norte)americana llevaron a una dependencia muy notable de los estudios realizados en los Estados Unidos, desmereciendo o desconociendo los esfuerzos, muchas veces desarticulados, de América Latina y de la periferia.

A partir de los años setenta, se comenzó a discutir en América Latina la adopción acrítica del conocimiento producido en los países centrales y a reconocer  la arrogancia de aplicar lo particular (Occidente) a lo universal. El resultado fue la apertura de un proceso de cuestionamiento a  las ciencias sociales, como eurocéntricas y  parroquiales, habida cuenta que la opinión de una minoría que concentraba poder, dominaba al mundo en y fuera de las universidades.

Esta cooperación académica desde la periferia cobró nuevo impulso cuando se tomo conciencia que las corrientes de análisis acuñadas en el Norte no daban cuenta de los problemas que aquejan a los países del Sur. El modelo impuesto en la década del noventa generó en los países de América Latina una direccionalidad muy marcada en los trabajos académicos en relaciones internacionales y en ciencias sociales, marginando opciones tales como la africana, con el mote de ser investigaciones ociosas, impertinentes, débiles o inútiles. Dos factores contribuyeron a consolidar esta tendencia: un esquema de vinculación entre conocimiento y poder, esto es, ‘produzcamos conocimiento para los espacios de poder vigentes’, y la condicionalidad de las principales líneas de financiamiento. Con esta particular orientación se cerraron las puertas para habilitar nuevos modos de pensar la inserción internacional de nuestros países en el Sur. Por ello, hoy se plantea descolonizar las ciencias sociales para modificar la forma de producción de conocimiento y poder transformar las relaciones de poder.

Los académicos de los países del Sur debemos desarrollar nuestros propios marcos conceptuales y analíticos sobre la base del conocimiento construido, adquirido y compartido desde nuestras respectivas latitudes y elaborar una concepción pluralista y renovada para un mundo incluyente y mejor distribuido.

El eurocentrismo en las ciencias sociales y el hecho que las Relaciones Internacionales surgieran como una Ciencia social (norte)americana llevaron a una dependencia muy notable de los estudios realizados en los Estados Unidos, desmereciendo o desconociendo los esfuerzos, muchas veces desarticulados, de América Latina y de la periferia.

A partir de los años setenta, se comenzó a discutir en América Latina la adopción acrítica del conocimiento producido en los países centrales y a reconocer  la arrogancia de aplicar lo particular (Occidente) a lo universal. El resultado fue la apertura de un proceso de cuestionamiento a  las ciencias sociales, como eurocéntricas y  parroquiales, habida cuenta que la opinión de una minoría que concentraba poder, dominaba al mundo en y fuera de las universidades.

Esta cooperación académica desde la periferia cobró nuevo impulso cuando se tomo conciencia que las corrientes de análisis acuñadas en el Norte no daban cuenta de los problemas que aquejan a los países del Sur. El modelo impuesto en la década del noventa generó en los países de América Latina una direccionalidad muy marcada en los trabajos académicos en relaciones internacionales y en ciencias sociales, marginando opciones tales como la africana, con el mote de ser investigaciones ociosas, impertinentes, débiles o inútiles. Dos factores contribuyeron a consolidar esta tendencia: un esquema de vinculación entre conocimiento y poder, esto es, ‘produzcamos conocimiento para los espacios de poder vigentes’, y la condicionalidad de las principales líneas de financiamiento. Con esta particular orientación se cerraron las puertas para habilitar nuevos modos de pensar la inserción internacional de nuestros países en el Sur. Por ello, hoy se plantea descolonizar las ciencias sociales para modificar la forma de producción de conocimiento y poder transformar las relaciones de poder.

Los académicos de los países del Sur debemos desarrollar nuestros propios marcos conceptuales y analíticos sobre la base del conocimiento construido, adquirido y compartido desde nuestras respectivas latitudes y elaborar una concepción pluralista y renovada para un mundo incluyente y mejor distribuido.

PROGRAMA DE RELACIONES Y COOPERACION SUR-SUR

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